Formación del cáncer
 

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Formación del cáncer Los tejidos vivientes sanos y la sangre sana examinados con un aumento de 2000x muestran exclusivamente las células y la formacion del cáncer descrito, en cualquier texto bueno de biología o de fisiología, como elementos constituyentes del organismo. Observemos ahora sangre o excreciones; y tejidos de un enfermo de cáncer; digamos, de un individuo afectado de cáncer de pulmón.

Descubrimos células formadas y formaciones incom­pletas que jamás habremos visto en las ratas sanas ni en los tejidos o excreciones de individuos sanos. Lo que más llama la atención es la presen­cia de estructuras estriadas, vesiculares con una intensa coloración azul, que no tienen aspecto de células ni de bacterias. Algunas presentan con­tornos irregulares, como inacabados, otras muestran una forma alargada, semejante a un bastoncillo o formas caudadas. Nos asombra encontrar amebas caudadas, de movimiento rápido y pulsante en el esputo.

¿Cómo llegan al pulmón esas formaciones semejantes a amebas?

Sin duda, no por "infección proveniente del aire", porque en el aire no existen esas ame­bas. Por lo tanto tienen que haberse desarrollado en el pulmón mismo . ¿A partir de qué? Por cierto no a partir de gérmenes que hayan penetrado en el pulmón por azar. Hemos visto que las amebas se desarrollan en infu­siones de musgo a través de un proceso de desintegración vesicular, que dicho proceso comprende muchas fases y que no hay "gérmenes" en el sentido que daba a esta palabra la protozoología tradicional. ¿Es posible que las amebas y demás formaciones del esputo se hayan desarrollado a partir de tejidos pulmonares en descomposición, igual que las amebas de­sarrolladas a partir de los tejidos de musgo en descomposición? Esta ocurrencia nos da mucho que pensar, pues explicaría, de pronto, el urgen de las células cancerosas. Pero ese tipo de ocurrencias sólo retenerse y traducirse en afirmaciones una vez que se han reunido los elementos objetivos necesarios para probar que la suposición era acertada.

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Algunas interrogantes sobre la formacion del cáncer

¿Cómo es posible que hasta este momento nadie haya pensado en analizar el esputo de individuos en los cuales se sospecha o se conoce la existencia de un cáncer? ¿Cómo es posible que a nadie se le haya ocu­rrido buscar en ese material la presencia de formaciones inusuales? De haberse hecho, se habría comprobado sin dificultad la presencia de ame­bas en los pulmones. Si la cosa es tan simple como parece, es preciso ser doblemente cauto y comenzar por entender las razones de esa negligen­cia de los investigadores. Examinamos la literatura sobre cáncer y com­probamos que nadie hace referencia a la forma, variedad, e incluso exis­tencia de células cancerosas vivas y móviles en las excreciones o en los te­jidos vivos. A pesar de todo, no podemos aceptar sin más ni más el hecho de que varias generaciones de investigadores se hayan equivocado hasta ese punto. Las posibilidades son dos: que nuestra ocurrencia sea un dispa­rate y que las amebas del esputo nada tengan que ver con el cáncer, o que... generaciones enteras de investigadores hayan cometido realmente un error tan serio. No queremos regocijarnos prematuramente ante esta eventualidad, sino analizar con seriedad todos los aspectos del problema. En primer lugar, ¿se cometen y se han cometido en la ciencia ese tipo de errores y omisiones? De eso no cabe duda; tales omisiones y errores sue­len preceder al nacimiento de un importante conocimiento nuevo. Antes de Pasteur y de Lister, cuando nada se sabía acerca de infecciones ni de, esterilización. morían innumerables mujeres de fiebre puerperal. Y, sin embargo, habría sido muy simple perfeccionar el viejo descubrimiento de Leeuwenhook y practicar observaciones microscópicas. Un prejuicio crónico, hondamente arraigado, impedía a los médicos del tiempo de Pasteur utilizar el microscopio y eso costó innumerables vidas. La activi­dad sexual infantil, aceptada hoy por todos los pedagogos y médicos mo­dernos, no existía a los ojos de la ciencia antes de que Sigmund Freud la descubriera. Sin embargo, qué simple es hoy ver que el supremo interés de los niños pequeños se orienta hacia la sexualidad.

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