Origen de la célula cancerosa
 

cáncer

Inicio Favoritos Contacto por Mail  
 
Origen de la célula cancerosa

El enigma del origen de la célula cancerosa

Entre los múltiples problemas no resueltos que se vinculan con el flagelo del cáncer, uno de los que más han interesado a médicos y a legos es el del origen de la célula cancerosa. El tejido sano es "tranquilo". Las innumerables células individuales del organismo viven en íntima armonía en­tre sí, cumplen en común las funciones de los respectivos órganos, como son la absorción de alimentos, la excreción, la respiración, la excitación y la gratificación sexual, etc. En una palabra, están subordinadas a las - funciones orgánicas, responsables de las funciones vitales del organismo en su totalidad.

El tejido canceroso se desarrolla a partir de tejidos que previamente parecían sanos. Según el punto de vista tradicional, las prin­cipales características del cáncer derivan de un único hecho: una o varias células "tranquilas" comienzan a "intranquilizarse", se dividen con gran rapidez, proliferan en forma vigorosa, constituyen grandes acúmulos y dan origen así al "tumor canceroso". A diferencia de las células sanas, las células cancerosas son móviles. Penetran en los tejidos vecinos por un proceso de rápida división. No se detienen ante nada, lo invaden todo. Al penetrar en los tejidos, los destruyen. Por eso, su crecimiento se define, con toda razón, como infiltrante y destructivo.

Dejemos ahora de lado los múltiples interrogantes planteados, para concentrarnos en uno, el más esencial: ¿Cómo es posible que una célula inmóvil, que vive y funciona en armonioso orden con otras células, se trasforme en una célula móvil, que se separa de la comunidad, una célula "salvaje" que destruye todo lo que encuentra a su paso? Lo más curioso de todo es que la célula cancerosa es una estructura extremadamente dé­bil que se desintegra con toda facilidad.

Origen de la célula cancerosa

Lo más curioso de todo es que la célula cancerosa es una estructura extremadamente dé­bil que se desintegra con toda facilidad.

Á través de la investigación de los biones se encontró la respuesta a ese interrogante, aunque a través de curiosos rodeos. Con la solución de este problema fundamental se abrieron muchas puertas a la comprensión del cáncer y, por consiguiente, a la forma de combatirlo. Adelantaré en po­cas palabras lo esencial de este descubrimiento: era un error creer que la célula cancerosa surgía directamente de la célula sana. Una célula inmó­vil y sana no se trasforma de buenas a primeras en una célula inquieta, móvil y prolífica. Mucho antes de que se desarrolle la primera célula can­cerosa se producen una serie de procesos patológicos en el tejido orgáni­co afectado y en su inmediata vecindad. Estos procesos locales, a su vez, vara precedidos por una enfermedad general del aparato vital. La apari­ción de las células cancerosas en un determinado lugar sólo es, en reali­dad, una fase en el desarrollo de una enfermedad general llamada "cán­cer". Hemos elegido la denominación biopatía de encogimiento carcino­matoso para esta enfermedad sistémica. El tumor canceroso ni siquiera es el elemento más importante de la enfermedad; sólo es el más llamati­vo y, hasta ahora, el único visible y palpable de la biopatía carcinoma­tosa. Por eso, el descubrimiento de la biopatía de encogimiento como la ver­dadera enfermedad fue de enorme importancia pues orientó nuestra atención hacia los factores esenciales. Si lo esencial es la enfermedad sis­témica y no el tumor local, el tratamiento del cáncer debe ser, por lógi­ ca, general; ya no puede limitarse a la pequeña zona del cuerpo en la cual se desarrolla repentinamente en tumor. El desconocimiento de la enfer­medad sistémica y el convencimiento de que el tumor local era el verda­dero cáncer han sido las causas del estancamiento en la lucha contra el cáncer.

Pero ahora volvamos a lo que ocurre en el tejido antes de la aparición de las primeras células cancerosas totalmente desarrolladas. Para respon­der a esta pregunta deberemos desembarazarnos de algunos procedimien­tos que dificultan las investigaciones sobre el cáncer:

  1. Ni los tejidos sanos ni aquellos sobre los cuales recae la sospecha de cáncer deben ser examinados, como es habitual, muertos, fijados y colo­reados. Debernos habituarnos a examinarlos en estado vivo. El preparado fijado y coloreado puede utilizarse como control, pero el preparado vivo nos revela hechos que el preparado muerto no nos puede mostrar.
  2. Debemos aprender a practicar nuestras observaciones microscopio con un aumento mínimo de unas 2000x. Esto es indispensable; pues con un aumento menor no podemos seguir el desarrollo de la célula de cáncer
  3. Debemos aprender a practicar con frecuencia las observaciones men­cionadas en a) y en b) sobre excreciones (esputo, materia fecal, orín;), sangre viva, células de la piel, de las mucosas, etc.
Articulos anteriores - Formación del cáncer - Síntomas del cáncer - Tratamiento del cáncer - Cura del cáncer - Tipos de cáncer - Fumar cigarrillos y el cáncer - Cáncer infantíl - Anderson cancer Center de Orlando - Cáncer cervical - Cáncer colorectal - Cáncer de estómago - Cáncer de huesos - Cáncer de mama - Cáncer melanoma - Cáncer de páncreas - Cáncer de próstata - Cámcer de pulmón - Cáncer de testículos - Cáncer de tiroides - Origen de la célula cancerosa - Cáncer
 
Origen de la célula cancerosa